REVISTA VIVESBIEN

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Valores personales

cómo guían nuestras elecciones

Durante años, la psicología popular nos vendió una idea seductora: que en nuestro interior existe un valor esencial, una especie de ADN ético que nos define y nos distingue. Encontrarlo, decían, era la clave para vivir en coherencia. Pero la vida real, esa que ocurre entre el despertador y la cama por la noche, rara vez funciona con una sola melodía.

La verdad es más compleja y también más interesante. Todos albergamos múltiples valores: familiares, profesionales, financieros, de amistad, de pareja, espirituales. Conviven dentro de nosotros como una constelación, y a veces, sus luces chocan. El verdadero desafío no es solo conocerlos, sino entender su jerarquía móvil y cómo negocian entre ellos en cada decisión cotidiana.

La trampa de un solo valor

Creer que tenemos un único valor rector puede llevarnos a una rigidez que no se corresponde con la complejidad humana. Un padre que prioriza la familia sobre todo puede sentirse fracasado cuando necesita trabajar horas extras para mantenerla. Una profesional que coloca la excelencia laboral en la cima puede vivir con culpa cada vez que elige un proyecto que la aleja de casa.

La vida ética no es lineal. Es un entramado de principios que a veces tiran en direcciones opuestas. Y es precisamente en esa tensión donde se forja el carácter.

Tomemos un ejemplo de la vida real. Imagina que tienes una amiga increíble: leal, generosa, presente en los momentos difíciles. Pero en el trabajo, esa misma persona es irresponsable y su conducta comienza a afectar tus resultados y tu estabilidad. De repente, te encuentras en la encrucijada: tus valores de amistad y lealtad tiran hacia un lado; tu responsabilidad profesional y tu necesidad de seguridad financiera, hacia el otro.

Escoger actuar en defensa de tu valor profesional —hablar con un superior, marcar un límite, distanciarte— puede generar incomodidad, dolor o incluso la pérdida de una amistad. Pero también es un acto de coherencia contigo misma. Esa elección muestra que nuestros valores no son adornos en un discurso, sino fuerzas vivas que nos obligan a tomar partido, incluso cuando duele.

La brújula en la tormenta

Saber cuáles son tus valores implica una honestidad radical. Requiere preguntarse, no en abstracto sino en la ducha, en el tráfico, en la noche de insomnio: ¿qué priorizo cuando mis principios chocan? ¿El reconocimiento externo o la congruencia interna? ¿El qué dirán o lo que sé que es justo?

Viktor Frankl, el psiquiatra austriaco sobreviviente de los campos de concentración, dedicó su obra a recordarnos que tener claridad sobre nuestros valores nos permite orientarnos incluso en las circunstancias más extremas. Cuando todo lo externo se derrumba, la capacidad de elegir una actitud frente a lo que vivimos —una elección basada en valores profundos— es lo que sostiene el sentido.

Por su parte, Carl Rogers, padre de la psicología humanista, insistió en la importancia de la congruencia. Para él, la autenticidad no era un lujo, sino una necesidad psicológica. Ser coherente con nuestros propios valores es el camino hacia una vida plena. Cuando actuamos en contra de ellos, aparece la ansiedad, el malestar difuso, esa sensación de estar representando un papel que no nos pertenece.

Y Milton Rokeach, pionero en la teoría de los valores humanos, identificó cómo estos se organizan en jerarquías y, sobre todo, cómo entran en conflicto. Su trabajo nos revela que nuestra vida cotidiana es, en realidad, un campo de batalla de decisiones continuas y conscientes. No elegimos entre bueno y malo, sino entre dos bienes que compiten.

Lo que tu agenda revela sobre ti

Para ponerlo a prueba, intenta un ejercicio sencillo pero incómodo. Observa tu estilo de vida con ojos de antropóloga: tu agenda, tus hábitos, tu tiempo en pantalla, tu extracto bancario. ¿Qué valores revelan realmente esos datos? ¿Coinciden con los que dices tener?

Muchas veces creemos vivir de acuerdo con ciertos principios, pero los detalles cotidianos nos muestran otra historia. Decimos que la salud es prioridad, pero nuestra agenda no tiene espacio para movernos. Afirmamos que la familia es lo primero, pero el teléfono nos roba las cenas. Creemos en la amistad, pero hace meses que no preguntamos cómo están los que dicen importarnos.

No hay juicio en esta observación. Solo una invitación a mirar. Porque los valores no se declaran: se ejercen. Y la forma en que gastamos nuestro tiempo y nuestra energía es el testimonio más fiel de nuestra verdadera escala de prioridades.

La libertad de elegir (y renunciar)

No existe un único valor que nos defina. Existen muchos, y evolucionan con nosotros. Lo que priorizábamos a los veinte años puede haberse transformado a los cuarenta, y eso no es incoherencia, es madurez.

Priorizar, renunciar, elegir conscientemente y asumir la incomodidad de las decisiones difíciles es lo que nos permite vivir con integridad. Y esa es la verdadera libertad: no ignorar la tensión entre valores ni pretender que podemos con todo, sino aprender a navegar los conflictos con claridad y con respeto profundo por nosotras mismas.

La próxima vez que sientas esa tirantez interna, no la esquives. Pregúntate:

  • ¿Qué valores están en juego aquí?
  • ¿Cuál de ellos necesita prevalecer en este momento y por qué?
  • ¿Estoy actuando desde la coherencia o desde el miedo a la incomodidad?

No se trata de encontrar respuestas definitivas para siempre. Se trata de abrir los ojos, mirar con honestidad y tomar decisiones conscientes, incluso cuando son difíciles. Esa es la verdadera fuerza que nace de conocerte y respetarte.


Insight VivesBien

La integridad no es la ausencia de conflicto entre nuestros valores, sino la capacidad de elegir con conciencia cuál de ellos debe guiarnos en cada encrucijada. La paz no está en no dudar, sino en dudar con honestidad y decidir con valentía.


Fuente

Psicología humanista y terapia cognitivo-conductual aplicada a la toma de decisiones.

Viktor Frankl: «El hombre en busca de sentido» – sentido y valores como brújula existencial.

Carl Rogers: «El proceso de convertirse en persona» – congruencia y autenticidad.

Milton Rokeach: «The Nature of Human Values» – teoría de los valores humanos y jerarquía de prioridades.

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