¿Pensaste que estaba hablando de la gestación de un hijo?
No.
Estoy hablando de las gestaciones invisibles.
De las versiones de nosotras que necesitan morir para que otra pueda nacer.
Porque cada vez que decimos “sí” a una vida, inevitablemente estamos diciendo “no” a muchas otras. Y esa renuncia también es un parto.
El psiquiatra Carl Gustav Jung afirmaba que uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la propia oscuridad. Antes de transformarnos, necesitamos conocernos. Y conocernos implica aceptar que no vemos el mundo como es, sino como nuestro sistema nervioso nos permite verlo.
La Teoría Polivagal de Stephen Porges explica que nuestras reacciones, vínculos y decisiones están profundamente modulados por nuestros estados internos de seguridad o amenaza. Es decir: primero necesitamos comprendernos a nosotras mismas antes de intentar comprender al otro.
Pero el autoconocimiento no es una excusa para permanecer iguales.
No es decir: “yo soy así y punto”.
El filósofo Jean-Paul Sartre defendía que somos responsables de lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros. Conocerse es el inicio. Elegirse diferente es el acto de transformación.
En mi caso, lo que tuvo que morir fue una versión mía que creía que podía con todo sola.
La autosuficiencia disfrazada de fortaleza.
El ego que confundía pedir ayuda con debilidad.
Para convertirme en la mujer que quería ser, tuve que aceptar algo profundamente humano: no estamos hechas para la autosuficiencia absoluta, sino para la interdependencia consciente.
La investigadora Brené Brown habla del coraje de la vulnerabilidad. Y fue exactamente eso lo que marcó mi primer gran parto interno.
Pero no fue el único.
Creo que toda mujer atraviesa múltiples partos a lo largo de la vida. Algunos son silenciosos. Otros son biológicos.
Cuando nació mi hija Valentina, también nació otra versión de mí. Tuve un parto natural en casa. Fue intenso, primitivo, profundamente corporal. Y cuando terminó, entendí algo que jamás había sentido antes: si mi cuerpo era capaz de atravesar aquello, yo era capaz de atravesar cualquier cosa.
La fisiología del parto ha sido ampliamente estudiada por el obstetra Michel Odent, quien describe cómo la cascada hormonal del nacimiento puede generar estados de poder, integración y transformación psicológica. No se trata de salir “más fuerte”, sino más consciente.

Pero existen otros partos más largos y más silenciosos.
La gestación más extensa de mi vida no fue física, fue identitaria. Pasé años trabajando en el mundo artístico hasta comprender que mi propósito estaba en el cuidado de la salud mental de mujeres, niños y familias. Cambiar de dirección no es solo cambiar de profesión. Es reconfigurar narrativa, postura, identidad social.
El psiquiatra Viktor Frankl sostenía que el ser humano necesita sentido más que estabilidad. Pero encontrar sentido, especialmente en la adultez, implica duelo. Implica dejar atrás versiones que funcionaron en otro momento.
Y ahí aparece el dolor.
¿La transformación siempre necesita dolor?
No necesariamente. Existen procesos que duelen por el luto, por la incertidumbre, por la ansiedad frente a lo desconocido. Pero también existen transformaciones que ocurren con tanta claridad que traen alivio inmediato.
La diferencia no está en la existencia del dolor, sino en el tiempo que decidimos sostenerlo.
Suelo hacer un ejercicio simple: sostener un teléfono durante unos segundos no pesa. Pero si lo mantienes con el brazo extendido durante diez minutos, el peso aparece.
El dolor funciona igual. La experiencia duele. Pero el sufrimiento prolongado muchas veces es una decisión inconsciente de sostener aquello que ya podría haberse soltado.
El psiquiatra Aaron T. Beck demostró cómo la interpretación y la rumia cognitiva amplifican el dolor emocional. No es solo lo que ocurre. Es la narrativa que construimos alrededor.
Y entonces llegamos a la luz.
“Dar a luz” es una expresión hermosa, pero profundamente romantizada.
Vivimos en una cultura que idealiza la gestación y el nacimiento como experiencias lineales y cinematográficas. Sin embargo, muchas mujeres atraviesan procesos corporales, hormonales y emocionales complejos. No siempre hay conexión inmediata. No siempre hay reconocimiento del propio cuerpo. No siempre hay belleza estética.
Romantizar puede traer ligereza. Pero ocultar la verdad puede ser cruel.
La luz no es ingenuidad. La luz es conciencia.
Imagínese buscando un libro en una biblioteca completamente oscura usando una linterna. Solo verá fragmentos. Ahora imagine que enciende todas las luces. No solo encuentra su libro: descubre otros que jamás había considerado.
La luz amplía posibilidades.
Y aquí viene la pregunta final.
Si la transformación tuviera una imagen, ¿cuál sería la suya?
¿Un volcán?
¿Una primavera?
¿Un silencio?
¿Un abrazo?
Si usted sabe que necesita parir una nueva versión, un proyecto, un límite, una decisión… ¿cómo quiere que sea ese parto?
Tal vez no podamos evitar gestar.
Pero sí podemos elegir la conciencia con la que damos a luz.
Y a veces, para salir a la luz, primero necesitamos tener el coraje de atravesar la oscuridad.
INSIGHT VIVESBIEN
La transformación personal no es un evento heroico. Es un proceso interno donde la conciencia, la vulnerabilidad y la elección consciente se convierten en el verdadero acto de nacimiento.
FUENTES
• Carl Gustav Jung – Concepto de la sombra
• Stephen Porges – Teoría Polivagal
• Jean-Paul Sartre – Responsabilidad existencial
• Brené Brown – Vulnerabilidad y coraje emocional
• Michel Odent – Fisiología hormonal del parto
• Viktor Frankl – Logoterapia y sentido de vida
• Aaron T. Beck – Modelo cognitivo y rumia emocional












