En una conversación con Trinidad Lackington, nutricionista deportiva de Revitta, despejamos mitos, ordenamos prioridades y aprendimos por qué la educación nutricional debería ser el primer paso antes de abrir cualquier frasco.
En el mundo del bienestar hay una escena que se repite con frecuencia: alguien ve a su influencer favorito mostrar un frasco colorido, escucha la promesa de un cambio radical, y compra sin saber si realmente lo necesita. No es maldad. Es desinformación. Y está tan normalizada que muchas veces ni siquiera la registramos.
Para entender cómo salir de ese círculo, Revista VivesBien conversó con Trinidad Lackington, nutricionista deportiva con años de experiencia en el área de la suplementación y parte del equipo de Revitta. La entrevista, conducida por José Patricio, buscó precisamente eso: devolverle el criterio a una conversación que a menudo se pierde entre modas, algoritmos y promesas vacías.
Esto es lo que aprendimos.
La trampa de las redes sociales: cuando amar y odiar un alimento depende del algoritmo
La conversación parte con una constatación que resuena en cualquiera que haya navegado por redes sociales: la información nutricional cambia tan rápido que a veces parece que los alimentos tuvieran personalidad propia.
Trinidad lo ejemplifica con claridad:
«Suele pasar mucho en redes sociales que podemos amar un alimento. Sucedió con el huevo: era la mejor proteína. Pasaron un par de años y en redes sociales lo odiaban, decían que era la peor proteína del universo. Pero si volvemos al profesional, el huevo siempre ha estado ahí. No ha tenido ningún cambio».
El problema no es que la información evolucione —eso es parte de la ciencia—, sino que la velocidad de las redes convierte matices en extremos. Un alimento es demonizado o santificado según la temporada, sin que la evidencia científica haya cambiado sustancialmente. Y en medio de esa vorágine, la persona común queda atrapada, sin herramientas para distinguir qué es moda y qué es real.
Educación nutricional: mucho antes que la suplementación
Uno de los puntos centrales de la conversación fue el orden de prioridades. Falta poco para que termine y estamos empezando a conversar sobre los suplementos. Pero Trinidad fue clara: antes de pensar en suplementarse, hay que educarse.
Y la educación, en este caso, tiene una función concreta: prevenir.
«¿Por qué esperar a tener la patología para tratarla con un medicamento si podemos prevenirla? Eso es lo que buscamos por medio de la educación nutricional: estar informados, no basarnos tanto en las redes sociales y al mismo tiempo evitar cualquier daño, cualquier enfermedad crónica no transmisible que nos pueda afectar».
La nutrición, en este sentido, no es una dieta temporal ni un parche. Es una herramienta de cuidado a largo plazo. Y para que cumpla esa función, necesita estar basada en la persona, no en la tendencia del momento.
Lo que funciona para tu amiga no necesariamente funciona para ti
Una de las preguntas más repetidas en consultas es: «mi amiga está haciendo tal cosa y le funciona, ¿puedo hacerlo yo?». La respuesta, en términos nutricionales, es casi siempre la misma: probablemente no.
Trinidad lo explica con sencillez:
«Todos somos personas diferentes. Tenemos genética diferente, metabolismo, sexo, edad y objetivos diferentes. Cuando vamos al gimnasio y nuestra colega nos dice «es que yo estoy haciendo este plan», no necesariamente es lo que yo necesito».

La individualidad no es un concepto decorativo en nutrición. Es el punto de partida. Por eso, lo que funciona para una persona en un momento determinado puede no funcionar para otra. Y lo que funcionó para alguien en redes sociales —con una genética, un estilo de vida y un contexto distintos— difícilmente será la respuesta universal.
Alimentación y suplementación: ¿cuál va primero?
Una de las confusiones más frecuentes, según Trinidad, es pensar que suplementarse equivale a alimentarse bien.
«Muchas veces los pacientes suelen confundir el tema de la nutrición real en base al alimento y solo a la suplementación. Yo les pregunto qué es lo que realmente comen y empiezo a entender el rol que para ellos tiene el suplemento».
La aclaración es clave: un suplemento es un complemento, no un reemplazo.
«La prioridad siempre debería ser lo que yo como. Cuando no estoy alcanzando alguna necesidad nutricional, es cuando busco complementar con este suplemento. La gente suele partir al revés: se compra la proteína y después piensa un poco en su nutrición».
El ejemplo del hierro es ilustrativo:
«Cuando me suplemento con hierro es porque estoy con un déficit, probablemente anemia. Pero un pedazo de carne no solo tiene hierro: tiene proteínas, grasas, vitaminas y minerales. El suplemento de hierro no va a suplir lo que probablemente tenga un pedazo de carne».
La diferencia es sustancial. El alimento es un entramado complejo de nutrientes que trabajan en conjunto. El suplemento responde a una necesidad puntual y debe ser evaluado como tal.
Tres preguntas antes de abrir el frasco
Ante el exceso de información y la presión del marketing, Trinidad propone un ejercicio sencillo pero radical. Antes de comprar cualquier suplemento, conviene hacerse tres preguntas en estricto orden:
- ¿Estoy con algún déficit?
Anemia, déficit de vitamina D, falta de consumo de proteína. Esta es la base. - ¿Me falta alguna necesidad nutricional?
No estoy cumpliendo con mi nutrición básica para llegar a lo que realmente necesito. El ejemplo clásico: un vegetariano o vegano que necesita suplementar proteína porque su alimentación está bien estructurada pero requiere un complemento. - ¿Cuál es mi objetivo?
Soy deportista de alto rendimiento, estoy a punto de llegar a una competencia, busco un estilo de vida saludable. Cada objetivo tiene requerimientos distintos.
Estas preguntas no solo ayudan a tomar decisiones más informadas, sino que devuelven el foco a lo importante: la persona, no el producto.
El marketing no es el enemigo… pero tampoco es tu nutricionista
Trinidad reconoce que las marcas, por definición, buscan vender. Y en ese proceso, el marketing juega un rol central. El problema no es que exista, sino que muchas veces se convierte en la única fuente de información.
«Lo peor que puede pasar es el marketing. La etiqueta, los colores, la visión que uno da de ese suplemento perfecto. Tenemos que sacarnos esa idea de que todos consumen este producto X y ver realmente cuáles son los ingredientes».
La propuesta no es demonizar a las marcas, sino elegir aquellas que asumen la responsabilidad de educar.
«Nosotros en Revitta buscamos crear el producto pensando en la ciencia, en la nutrición. Y también queremos que nuestros propios vendedores se sientan capacitados y estén educados para poder dar estas mismas herramientas al público».
La despensa saludable: volver a lo básico
Uno de los conceptos que emergió con fuerza en la conversación fue el de la «despensa saludable». No como una lista de productos caros o exóticos, sino como la posibilidad de contar con alimentos limpios, sin listados interminables de aditivos, con el nutriente justo y necesario.
«Hay una moda muy interesante: el cuidar de adentro hacia afuera. Antiguamente nos llenábamos de cremas para cuidar la piel. Pero el cómo me alimento, mis estilos de vida, el sedentarismo también afectaban a cómo uno se refleja en el día a día. Lo que comes es lo que eres».
La despensa saludable, entonces, no es un lujo. Es un criterio.
No hacerlo solo: el valor del acompañamiento profesional
A lo largo de la conversación, José Patricio insistió en una sensación que probablemente muchos comparten: la de querer hacer las cosas bien, pero no estar completamente seguros. Trinidad respondió con una frase que bien podría ser el resumen de toda la entrevista:
«Lo más importante es no hacerlo solo».
«El estar acompañado con un profesional, con una guía, nos va a servir no solo para un instante en nuestra vida, sino para toda nuestra vejez. Prioridad es cómo nos sentimos y cómo yo puedo mejorar ante ello».
La recomendación no es solo académica. Es práctica. Y tiene que ver con algo que a veces se olvida en la urgencia de encontrar respuestas rápidas: el cuerpo que habitamos es el que nos va a acompañar toda la vida. Vale la pena cuidarlo con criterio.
Insight VivesBien
La suplementación no es un atajo.
Es una herramienta que tiene sentido cuando hay un camino claro detrás.
Antes de comprar lo que viste en redes, pregúntate si sabes qué estás buscando, si lo necesitas y si alguien con conocimiento te está ayudando a verlo. La respuesta no está en un frasco.
Está en la relación que construyes con tu propio cuerpo.
Un escenario que respira bienestar

La conversación con Trinidad Lackington no ocurrió en un estudio cerrado ni en un set impersonal. Fue en el Hotel Rugendas, un espacio que, sin saberlo, se convirtió en un personaje más de esta entrevista.
Hotel Rugendas
Dirección: Agustinas 1260, Santiago Centro, Santiago de Chile
Metro: Universidad de Chile (Línea 1) o Santa Lucía (Línea 1)
Servicios destacados:
- Habitaciones con diseño contemporáneo y elementos patrimoniales
- Cafetería con opciones saludables y de temporada
- Espacios comunes ideales para encuentros profesionales y creativos
- Wifi de alta velocidad y estación de trabajo en áreas comunes
- Atención personalizada con enfoque en el bienestar del huésped
Reservas y más información:
🔗 www.hotelrugendas.cl
📞 +56 2 2695 2300
✉️ [email protected]
Fuente
- Entrevista de José Patricio a Trinidad Lackington, nutricionista deportiva de Revitta, para Revista VivesBien
- Lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre alimentación saludable y prevención de enfermedades crónicas no transmisibles
- Consenso de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición (SLAN) sobre suplementación basada en evidencia
La banda sonora de Saborea
Cierra tu lectura con el mood perfecto: una selección sonora curada por VivesBien para acompañar esta columna.












