Hay un territorio de la mente que casi nadie visita en voz alta. Allí habitan imágenes que no pedimos, escenas que nos sorprenden, deseos que no sabemos nombrar. Son las fantasías. Y aunque forman parte de la experiencia humana desde siempre, rara vez se convierten en conversación.
El sexto episodio de «No es tan así», el podcast de Revista VivesBien, se adentra en ese espacio íntimo y silencioso. No para juzgar lo que hay allí, sino para preguntarse por qué nos da tanto miedo mirarlo. Y sobre todo, para distinguir entre lo que realmente deseamos y lo que creemos que deberíamos desear.
La fantasía como espejo
Una fantasía no es un plan. No es una declaración de intenciones. No es un deseo que deba cumplirse. Es, ante todo, una exploración interna. La mente juega con posibilidades, con imágenes, con escenarios que tal vez nunca ocurrirán. Y eso no tiene nada de patológico.
El problema no es la fantasía en sí misma. El problema es lo que viene después: la culpa, el silencio, la comparación. Porque en cuanto la mente imagina algo que no encaja con la imagen que tenemos de nosotros mismos, aparece el juicio.
El episodio plantea una pregunta incómoda: ¿qué pesa más, lo que realmente sientes o lo que crees que deberías sentir? Porque muchas veces, la incomodidad con las propias fantasías no viene del deseo, sino del mandato social de tener una sexualidad «correcta».
Lo que excita, lo que avergüenza
Hay fantasías que se cuentan en confianza. Otras que se callan para siempre. No porque sean más oscuras, sino porque la persona que las habita no encuentra un lenguaje para nombrarlas sin sentirse expuesta.
La vergüenza sexual no es natural. Es aprendida. Se construye con mensajes recibidos desde la infancia, con silencios familiares, con películas que muestran una sola forma de desear, con conversaciones entre amigos donde todos exageran y nadie dice la verdad.
El episodio desmonta esa lógica: las fantasías no son un reflejo de quién eres, sino de lo que tu mente puede explorar. No definen tu moral, no predicen tus actos, no te convierten en alguien distinto. Son simplemente eso: imágenes mentales que aparecen, a veces nos sorprenden, y pueden irse sin dejar rastro.
El problema de medir el deseo
Uno de los puntos centrales de la conversación es cómo la cultura de la comparación ha colonizado también la vida sexual íntima. Ya no basta con sentir. Hay que sentir lo correcto, en la cantidad correcta, de la forma correcta.
¿Con qué frecuencia fantaseas? ¿Sobre qué? ¿Es eso normal? ¿Estoy dentro del promedio?
Detrás de cada una de esas preguntas hay ansiedad, no curiosidad. Hay miedo a quedar fuera, a ser rara, a no encajar. Y la ironía es que, al intentar ajustarse a una norma inexistente, muchas personas terminan más desconectadas de su propio deseo.
El episodio propone un cambio de enfoque: en lugar de preguntarte si tu fantasía es normal, pregúntate si te hace daño, si la disfrutas, si quieres explorarla más o dejarla ir. El único criterio relevante es el bienestar, no la estadística.
Entre el silencio y la exageración
Como en episodios anteriores, «No es tan así» señala la brecha entre lo que se dice y lo que se vive. En el sexo, como en tantas otras áreas, la gente exagera o minimiza según lo que cree que los demás esperan escuchar.
Las fantasías más comunes no son las que aparecen en las películas. Son mucho más diversas, más personales, menos espectaculares. Y también más humanas.
El episodio invita a romper el silencio sin caer en la presión de confesarlo todo. No se trata de convertir la intimidad en espectáculo. Se trata de que cada persona pueda habitar sus propios deseos sin la carga de tener que justificarlos o esconderlos.
Lo que sigue
Al igual que en el episodio sobre la frecuencia sexual, «No es tan así» no entrega cifras ni respuestas únicas. Entrega preguntas. Y la más importante es esta:
Si nadie te estuviera mirando, si no hubiera estándares que cumplir, si no existiera el qué dirán… ¿qué sentirías?
Porque la libertad sexual no comienza en el cuerpo. Comienza en la cabeza. En la capacidad de imaginar sin culpa, de desear sin vergüenza, de habitar la propia mente como un territorio propio.
Insight VivesBien
La mente no pide permiso antes de imaginar. No hay un departamento de censura interna que filtre las fantasías antes de que aparezcan. El juicio viene después. Y ese juicio, casi siempre, es más dañino que la propia fantasía. Porque la fantasía solo habita la mente. La culpa habita todo.
Fuente
Conversaciones y reflexiones basadas en psicología de la sexualidad y terapia de pareja
Podcast «No es tan así» – Episodio 06: Fantasías: lo que excita, lo que avergüenza (Revista VivesBien, 2026)
La banda sonora de Podcast
Cierra tu lectura con el mood perfecto: una selección sonora curada por VivesBien para acompañar esta columna.












