REVISTA VIVESBIEN

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Moverse por bienestar

cuando el cuerpo deja de ser un proyecto estético y se convierte en casa

Juan Pablo Reyes, experto en entrenamiento y gestión de proyectos, desmonta los mitos de la motivación y explica por qué el movimiento es la herramienta más subestimada para la salud mental.

Hay una escena que se repite en gimnasios de todo el mundo: personas que entran con la mirada fija en el espejo, midiendo cada centímetro, calculando lo que falta. Entrenan con disciplina, pero también con una urgencia que no las deja disfrutar. El objetivo es claro: cambiar lo que ven. Pero lo que no saben es que, mientras persiguen esa imagen, están dejando pasar algo más importante.

Juan Pablo Reyes lo sabe bien. Ingeniero de formación, gestor de proyectos industriales y entrenador por convicción, ha visto cientos de personas pasar por ese ciclo: empezar con fuerza, abandonar con frustración, volver a empezar. Y ha identificado dónde está la falla. No es falta de motivación. Es falta de estructura.

En esta conversación para Revista VivesBien, Reyes responde con honestidad directa: por qué entrenar por estética desgasta, qué sostiene realmente una rutina en el tiempo y por qué el ejercicio debería ser la primera receta —no la última— para quienes buscan estabilidad emocional.


Cuando la estética deja de ser el objetivo

«Cuando la estética es el único impulso, la persona está constantemente evaluándose desde la frustración: «todavía no se me nota», «aún no bajo lo que quiero». Y eso desgasta, mucho».

La frase de Reyes resume una de las trampas más comunes del mundo del fitness. El problema no es querer verse bien. Es que cuando la apariencia es el único motor, cada día sin resultado visible se convierte en un día de fracaso. Y el cuerpo, que debería ser aliado, se transforma en un proyecto inconcluso.

Pero cuando alguien empieza a moverse por bienestar, dice Reyes, «los beneficios los siente desde la primera semana: duerme mejor, tiene más energía, maneja mejor el estrés, piensa con más claridad». Y ahí ocurre algo potente: la estética deja de ser el objetivo y se convierte en una consecuencia natural.

«En mi experiencia, las personas que más transforman su cuerpo son justamente las que dejaron de obsesionarse con eso y empezaron a enfocarse en cómo se sienten, en su metabolismo, en su rendimiento diario. Lo estético llega, pero llega porque el sistema funciona por dentro, no porque te mataste de hambre o entrenaste hasta reventarte».


Motivación vs. estructura: lo que realmente sostiene una rutina

Reyes viene del mundo de la gestión de proyectos industriales, y esa mirada atraviesa su forma de entender el entrenamiento. «La motivación es combustible de corto plazo. Te dura una semana, tal vez dos. Lo que realmente sostiene a alguien en el tiempo es la estructura».

Para él, el problema de la mayoría de las personas que abandonan no es que no tengan fuerza de voluntad. Es que intentan sostener un plan que no está diseñado para su vida real.

«Ningún proyecto complejo se sostiene con pura motivación. Se sostiene con planificación, con seguimiento semanal, con datos reales y con la capacidad de ajustar el plan cuando las cosas se salen de control. Eso es exactamente lo que le falta a la mayoría de las personas en su vida fitness».

La estructura, entonces, no es rigidez. Es flexibilidad con rumbo. Es tener un sistema que se adapte a las semanas buenas y a las malas, a los viajes de trabajo, al cansancio acumulado, a los imprevistos que la vida siempre pone.

«Cuando tienes esa estructura, la constancia deja de ser fuerza de voluntad y se convierte en un hábito integrado a tu vida».


El ciclo que se rompe con gestión, no con más motivación

Reyes identifica un patrón que probablemente muchos reconocen: la persona empieza motivada, sigue una pauta genérica, y a las pocas semanas aparece la vida real. Como no tiene un plan para gestionar esos escenarios, se sale del camino y siente que fracasó. Entonces vuelve a empezar después. Y otra vez. Y otra vez.

«Ese ciclo de «empezar y abandonar» no se rompe con más motivación, se rompe cuando la persona aprende a gestionar su proceso de forma integral: su entrenamiento, su nutrición, sus hábitos, y también los obstáculos que inevitablemente van a aparecer».

La clave, para Reyes, está en anticipar. En diseñar no solo la rutina ideal, sino también las versiones mínimas para los días difíciles. Porque quien no aprende a manejar los imprevistos, siempre va a depender de que todo sea perfecto para avanzar. Y la vida, dice, nunca es perfecta.


Movimiento como medicina: lo que el ejercicio hace por tu cerebro

Uno de los puntos más contundentes de la conversación es cuando Reyes aborda la relación entre movimiento y salud mental. Y lo hace con datos.

«Mucha gente hoy está lidiando con ansiedad, principios de depresión, estrés crónico, y lo primero que buscan es la «píldora perfecta»: algo externo, muchas veces costoso, que les solucione el problema. Pero ¿y si te digo que esa píldora ya existe y es gratis? Se llama ejercicio».

No es un cliché motivacional. Es neurociencia.

Cuando entrenas, explica Reyes, tu cerebro libera:

  • Serotonina —el mismo neurotransmisor que los antidepresivos más recetados intentan aumentar artificialmente.
  • Dopamina —que activa tu sistema de recompensa y motivación.
  • Endorfinas —que funcionan como analgésicos naturales.
  • Norepinefrina —que mejora la concentración.

Además, el ejercicio estimula la producción de BDNF, una proteína que promueve la neuroplasticidad: la capacidad del cerebro de crear nuevas conexiones y adaptarse. También reduce el cortisol y los marcadores inflamatorios asociados a estados depresivos.

«Los metaanálisis más recientes muestran que el ejercicio regular tiene un efecto comparable al de la medicación en depresión leve a moderada. Pero en vez de efectos secundarios, te entrega mejor sueño, más energía y mejor salud cardiovascular».

La conclusión es clara: «La farmacología está intentando replicar artificialmente lo que tu cuerpo ya sabe hacer cuando te mueves. Pero la gente no quiere aceptarlo porque suena demasiado simple».


Entrenar como espejo

Para Reyes, el entrenamiento no solo transforma el cuerpo. Transforma la relación con uno mismo.

«El entrenamiento funciona como un espejo: te muestra cómo enfrentas los desafíos, cómo reaccionas ante la incomodidad, qué tan comprometido estás con lo que dices que quieres. Eso se transfiere al trabajo, a las relaciones, a todo».

La disciplina que se construye en el gimnasio —o en cualquier espacio de movimiento— no queda confinada ahí. Se filtra. Una persona que aprende a sostener un compromiso con su cuerpo, aprende también a sostenerlo en otras áreas de su vida.

«Entrenar bien no solo te cambia el cuerpo, te cambia la relación contigo mismo».


Una recomendación para quien quiere empezar (y sostener)

La última pregunta de la entrevista es quizás la más práctica: si tuvieras que darle una sola recomendación a alguien que quiere empezar, pero siente que nunca logra mantenerse, ¿cuál sería?

La respuesta de Reyes es una síntesis de todo lo anterior:

«Que deje de buscar la rutina perfecta y empiece a buscar la estructura correcta para su vida real. La mayoría de las personas fracasan porque intentan adaptarse a un plan genérico en vez de tener un plan que se adapte a ellos».

¿Tienes solo tres horas a la semana para entrenar? Perfecto, se puede trabajar con eso. ¿No tienes acceso a gimnasio? También se puede. ¿Tu semana es impredecible? Entonces necesitas un sistema que sepa flexibilizarse sin perder el rumbo.

«No necesitas ser extremo para tener resultados. Necesitas ser consistente. Y la consistencia solo es posible cuando lo que haces tiene sentido con tu contexto, con tu tiempo y con tu vida».

El entrenamiento de fuerza es la base, dice Reyes. Mientras más músculo tienes, mejor funciona tu metabolismo, más grasa quemas en reposo, mejor es tu sistema inmune. Pero nada de eso sirve si el plan no cabe en tu día a día.

«Empieza por ahí: encuentra algo que puedas sostener, no algo que te destruya la primera semana».


Insight VivesBien

El cuerpo no es un proyecto a terminar, sino un territorio a habitar. Entrenar por bienestar no significa abandonar la estética, sino dejar que ella sea la consecuencia, no la obsesión. Porque cuando el movimiento deja de ser castigo y se convierte en cuidado, algo cambia: el cuerpo deja de ser un problema y empieza a ser casa.


Fuente

Estudios sobre neuroplasticidad y BDNF inducida por ejercicio físico

Entrevista de Revista VivesBien a Juan Pablo Reyes, experto en entrenamiento y gestión de proyectos

Metaanálisis sobre ejercicio y depresión leve a moderada (referencias científicas citadas por el entrevistado)

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