Ser mamá no debería exigir que la mujer desaparezca
Ana Zgur vive en Miami, lidera su empresa y cría a su hija con una idea que incomoda —y por eso funciona: la maternidad no debería borrar a la mujer.
Su punto de quiebre no llegó después del parto, sino antes.
Embarazada, se hizo una pregunta que la dejó sin piso:
¿Quién soy yo si nadie me hubiera dicho quién soy?
Porque muchas veces no vivimos desde lo que somos, sino desde lo que nos enseñaron a ser.
“Si no sé quién soy, no sé cómo mirar el mundo. Porque veo el mundo desde lo que soy.”
Del “equilibrio” a la armonía
Para Ana, el equilibrio es una palabra linda… pero engañosa.
“Yo cambiaría equilibrio por armonía. Cuando todo se equilibra, muere. Como el latido: siempre sube y baja.”
La vida —dice— no se sostiene en estar 100% en todo al mismo tiempo.
Se sostiene en bloques de tiempo, en decisiones conscientes y en aceptación.
Hay días de trabajo.
Días de maternidad.
Y días —tan necesarios como los otros— en los que se elige a sí misma.
“Este fin de semana no trabajo ni estoy con mi hija. Este fin de semana soy yo conmigo.”
La culpa, sin romanticismo
Ana no trata la culpa como un concepto abstracto. La desarma.
Primero, la define con claridad:
la culpa aparece cuando sentimos que fallamos frente a un ideal impuesto —por la sociedad o por nosotras mismas.
Y ahí viene lo incómodo:
muchas veces esa “sociedad” somos nosotras, juzgando a otras mujeres… y luego juzgándonos en silencio.
Luego hace una distinción clave:
Si es real, no sirve sufrir. Sirve actuar.
Porque una culpa sin acción solo te deja en el mismo lugar.
“Culpa no siempre es culpa. A veces es responsabilidad.”

La brújula, para ella, es la claridad de valores.
Cuando los valores chocan, aparece el drama… o la dirección.
“No voy a dejar de ser mujer para ser mamá”
Su postura puede sonar provocadora, pero Ana la sostiene como un acto de amor.
“No voy a abrir mano de mi vida por mi hija. No es egoísmo: si yo no estoy bien, ella no va a estar.”
Por eso, la forma en que se lo explica a su hija no es desde la obligación, sino desde la identidad:
“Trabajo porque me gusta. No te estoy cambiando. Estoy siendo mujer.”
Una herramienta simple para el caos
Cuando el día explota —porque explota— su enfoque no es místico. Es práctico.
Aceptar.
Escribir.
Rearmar el plan.
Delegar si se puede.
Y, sobre todo, no comprar rituales ajenos.
“Si meditar no es tu perfil hoy, está bien. Le hace bien al gurú de internet, no necesariamente a ti.”
Lo que Ana trae a Relaciona
En VivesBien, Ana llega para hablar de lo que casi nunca se dice sin filtro:
- maternidad sin culpa (y sin performance),
- pareja, trabajo y acuerdos reales,
- identidad femenina más allá del rol “mamá”,
- límites, valores y decisiones difíciles,
- cómo sostener una vida intensa con armonía.

Insight VivesBien
No se trata de hacerlo perfecto.
Se trata de vivirlo más liviano.Bienvenida, Ana.
Esta columna no viene a enseñar cómo ser “la mejor versión”.
Viene a recordarnos que seguir siendo una misma también es una forma de cuidado.












