Llegar a una ciudad nueva y sentir que ya la conocés es una promesa que casi ningún hospedaje cumple. Los hoteles ofrecen comodidad, pero también una distancia: una habitación que podría estar en cualquier parte del mundo, un pasillo idéntico al del piso de abajo, un desayuno servido a una hora fija. El Edifício Renata Sampaio Ferreira, en el corazón de Vila Buarque, en São Paulo, propone otra cosa: vivir la ciudad desde un apartamento propio, con cocina, luz filtrada por cobogós y una piscina que mira de frente al Edifício Copan.
La experiencia —comprobada en primera persona por el equipo de VivesBien durante una estadía reciente— tiene detrás una operación bastante más grande de lo que el edificio deja ver desde la calle.
Una proptech, no una cadena hotelera
El Renata es una de las cerca de veinte propiedades que gestiona Tabas, la mayor operadora de empreendimentos multifamily de Brasil, adquirida recientemente por Brookfield, la gestora de inversiones con presencia en más de 50 países. La compañía no alquila cuartos: opera edificios completos, con apartamentos totalmente amoblados, contrato 100% digital y sin fiador, según explicó a VivesBien.
«El objetivo es garantizar que quien se hospeda se preocupe solo por traer su ropa, vivir la ciudad y aprovechar las comodidades que ofrecen los edificios», resumió la compañía en la entrevista concedida para este reportaje.
Esa idea —domesticidad con gestión profesional— es lo que distingue al modelo de un hotel tradicional. En un hotel hay una habitación; en el Renata hay un apartamento con cocina equipada, ambientes integrados y espacio real para trabajar o recibir a alguien. La infraestructura de un hotel de categoría —piscina, gimnasio, coworking— convive con la autonomía de una casa, y el soporte, según Tabas, «actúa detrás de escena», resolviendo todo por aplicación: desde el contrato hasta un pedido de mantención.
El edificio que sostiene la promesa
Nada de esto funcionaría igual en cualquier construcción. El Renata Sampaio Ferreira es un ícono de lo que se conoce como la «São Paulo moderna»: fue proyectado en la década de 1950 por el arquitecto Oswaldo Arthur Bratke, y su fachada de cobogós —hoy protegida por el patrimonio histórico— sigue siendo una de las postales arquitectónicas del centro paulistano.
Décadas después, un retrofit premiado transformó lo que era un edificio comercial en un complejo residencial. En ese proceso nació el tercer piso, con área de descanso, solárium y la piscina con vista al Copan que hoy protagoniza casi cualquier fotografía del lugar: una zona de esparcimiento que no existía en el proyecto original de Bratke.
El resultado es un edificio que no necesitó renunciar a su identidad para volverse funcional. Dentro del portafolio de Tabas, conserva notoriedad propia, sin adoptar ninguna de las marcas segmentadas que la compañía lanza para el resto de sus unidades.

Lo que cambia cuando hay cocina propia
Hay una diferencia difícil de explicar hasta que se vive: cocinar en un apartamento ajeno, aunque sea por tres noches, cambia el ritmo del viaje. El Renata ofrece enxoval completo, internet de alta velocidad y áreas comunes exclusivas y, dependiendo de la reserva, arreglo de habitación entre semana, cambio de blancos y desayuno operado por un tercero, contratable de forma independiente. Es una hospitalidad que no imita al hotel: lo reemplaza por algo más cercano a tener una segunda casa, con soporte cuando se necesita y silencio cuando no.
Esa tensión —entre autonomía y servicio— es, según Tabas, un cambio de comportamiento que llegó para quedarse: «las personas cada vez más buscan experiencias auténticas. No quieren ser tratadas solo como turistas; quieren sentirse como locales». El formato multifamily, dice la compañía, es la respuesta de infraestructura a esa demanda cultural.
Quién elige quedarse ahí
El público de este formato es, según la propia Tabas, «bastante plural»: ejecutivos en proyectos temporales, nómades digitales, extranjeros descubriendo Brasil, turistas de fin de semana, personas en mudanza mientras remodelan su casa definitiva y hasta familias que buscan comodidad sin las burocracias del alquiler tradicional. En el caso puntual del Renata, la compañía señala un perfil más específico: gente interesada en diseño, arquitectura y en la vida cultural del centro de São Paulo.
No es casual. Vila Buarque es uno de los polos gastronómicos y culturales de la ciudad, y quedarse ahí varios días —más que visitarla— es, en palabras de Tabas, «respirar la auténtica atmósfera cosmopolita paulistana». La cercanía a pie de bares, librerías y galerías hace que la experiencia se sienta menos turística y más habitada.
Una forma de viajar que también es una forma de vivir
Lo interesante del Renata no es solo el edificio ni la eficiencia del modelo Tabas: es lo que ambos, juntos, dicen sobre cómo cambió el deseo de viajar. Cada vez menos personas quieren un cuarto anónimo; cada vez más buscan un lugar con historia, luz propia y una piscina donde el paisaje sea parte de la experiencia, no un decorado. São Paulo, con su fachada de cobogós mirando al Copan, ofrece exactamente eso.
Insight VivesBien: Viajar bien no siempre significa moverse más rápido o más lejos: a veces significa encontrar un lugar que, por unos días, se deje habitar como propio. El Renata no vende una habitación; vende la posibilidad de bajar la guardia en una ciudad que no es la tuya.
Fuente
Entrevista concedida por Tabas a Revista VivesBien a través de la agencia Máquina Comunicação (agosto de 2026); información arquitectónica sobre el Edifício Renata Sampaio Ferreira y el arquitecto Oswaldo Arthur Bratke, compartida por Tabas; estadía editorial del equipo de VivesBien en el Edifício Renata (agosto de 2026).
La banda sonora de Convive
Cierra tu lectura con el mood perfecto: una selección sonora curada por VivesBien para acompañar esta columna.











